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jueves, 22 de abril de 2010

Cuando las mujeres se juntan alrededor del Fuego...


Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego”

Simone Seija Paseyro
Uruguaya – 45 años

Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.

Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.
Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.

Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de “veníte el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana.
A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.
El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…y sin embargo… detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.

Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.

Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.

Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.

Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.

Entonces… los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.
Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.

Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.
Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.

Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.

martes, 6 de abril de 2010

De PAULA: ISABEL ALLENDE



Afuera amanecía, el cielo estaba pintado con brochazos de oro y el paisaje extendido a nuestro pies refulgía recién lavado por la lluvia. Volamos sobre valles y cerros y descendimos por fin en el bosque de las antiguas secoyas, donde la brisa soplaba entre las ramas y un pájaro atrevido desafiaba al invierno con su canto solitario. Paula me señaló el arroyo, vi rosas frescas tiradas en la orilla y un polvo blanco de huesos calcinados en el fondo y oí la música de millares de voces susurrando entre los árboles. Sentí que me sumergía en esa agua fresca y supe que el viaje a través del dolor terminaba es ese vacío absoluto. Al diluírme tuve la revelación de que ese vacío está lleno de todo lo que contiene el universo. Es nada y es todo a la vez. Luz sacramental y oscuridad insondable. Soy el vacío, soy todo lo que existe, estoy en cada hoja del bosque, en cada gota de rocío, en cada partícula de ceniza que el agua arrastra, soy Paula y también soy yo misma, soy nada y todo lo demás en esta vida y en otras, inmortal.



ISABEL ALLENDE

(Lima, 1942) Escritora chilena. Hija de un diplomático chileno que le inculcó su afición por las letras, Isabel Allende cursó estudios de periodismo. Mientras se iniciaba en la escritura de obras de teatro y cuentos infantiles, trabajó como redactora y columnista en la prensa escrita y la televisión.

En 1960 Isabel Allende entró a formar parte de la sección chilena de la FAO, la organización de las Naciones Unidas que se ocupa de la mejora del nivel de vida de la población mediante un exhaustivo aprovechamiento de las posibilidades de cada zona. En 1962 contrajo matrimonio con Miguel Frías, del que habría de divorciarse en 1987, después de haber tenido dos hijos: Paula -que falleció, víctima de porfiria, en 1992- y Nicolás. En 1973, tras el golpe militar chileno encabezado por el general Pinochet, en el que murió su tío, el presidente Salvador Allende, abandonó su país y se instaló en Caracas, donde inició su producción literaria.

Obras:

* La casa de los siete espejos (1975).
* La casa de los espíritus (1982).
* La gorda de porcelana (1984).
* De amor y de sombra (1984).
* Eva Luna (1987).
* Cuentos de Eva Luna (1989).
* El plan infinito (1991).
* Paula (1994).
* Afrodita (1997).
* Hija de la fortuna (1999).
* Retrato en sepia (2000).
* La ciudad de las bestias (2002).
* Mi país inventado (2003)
* El reino del dragón de oro (2003)
* El bosque de los pigmeos (2004)
* El Zorro: Comienza la leyenda (2005)
* Inés del alma mía (2006)
* La suma de los días (2007)
* La Isla bajo el mar (2009)

jueves, 25 de marzo de 2010

DAVID TOSCANA: ¿Historias de ficción...?





David Toscana nació en Monterrey, Nuevo León, en 1961. Primero obtuvo el título de ingeniero industrial y de sistemas en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), pero luego se volcó hacia la literatura, a partir de los 29 años. Su escritura reconoce influencias diversas (Cervantes, Calderón de la Barca, Onetti, Donoso), pero es considerado como uno de los escritores más originales de su generación. Sus temas suelen incursionar en el fracaso y la soledad.
Entre sus obras publicadas –y traducidas al árabe, alemán, griego, sueco, serbio e inglés–, se cuentan cinco novelas: Las bicicletas (1992), Estación Tula (1995), Santa María del Circo (1998), Duelo por Miguel Pruneda (2002), El último lector (2004), y la recientemente publicada Los Puentes de Konigsberg (2009) además de un libro de cuentos: Historia de Lontananzas (1997). Formó parte del International Writers Program de la Universidad de Iowa en 1994, del Berliner Künstlerprogramm y del programa de becarios del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México. El Premio Antonin Artaud le fue concedido en 2005 por su obra El último lector, y el Premio Casa de las Américas de Narrativa José María Arguedas, en 2008, por El ejército iluminado.

Aquí les presento un fragmento de una de sus novelas más celebradas: Santa María del Circo, y uno de los cuentos que integran Historias de Lontananza.




SANTA MARÍA DEL CIRCO (fragmento)


—Las historias del enano sobre sus ancestros no me parecen una simpleza; sean verdad o mentira, es importante tener relatos; es lo que nos da derecho a pisar un suelo y tener un nombre. Según Mandrake, si vivimos en Santa María del Circo uno o dos años todo pasará a ser propiedad nuestra. No sé de dónde sacó eso. Si el día de mañana o dentro de diez años relatamos la manera como nos apropiamos de las casas, no sólo nos echan de aquí, también nos meten a la cárcel por rateros. Quizá hubo una época en la que un montón de indígenas podía encontrar un águila devorando una serpiente y decir aquí es, aquí nos quedamos a crecer y multiplicarnos; pero hoy cada pedazo de tierra tiene dueño, hasta este trozo de desierto está registrado en la oficina de un juez, con firmas, sellos y timbres; hoy hubieran recibido a balazos a esos indios de Aztlán sin respetar las profecías de sus dioses. Necesitamos fundamentar el derecho a ser los legítimos propietarios de Santa María del Circo, y para eso hace falta una historia, con personajes ilustres y hechos heroicos. Está bien lo de los oficios; en un pueblo hace falta trabajar, aunque sea en cosas tan burdas como sacarle filo a los cuchillos, pero también necesitamos hacernos cargo de nuestro pasado; y si Barbarela quiere imponerle el nombre de Timoteo de Roncesvalles al tipo de la estatua, necesita decirnos quién es ese personaje, dónde luchó, qué cargo ocupó, por qué es importante para nuestra población; más todas esas cosas íntimas que dan a los personajes su cariz de hombres verdaderos: si se hacía acompañar de su perro en las batallas, si se persignaba antes de cada balazo, si le faltaba el pulgar izquierdo; tú sabes, esas idioteces: si tenía una o cien mujeres y si alguna vez su caballo lo salvó de morir. Yo como periodista me puedo ocupar de las noticias diarias, algo ha de ocurrir, y a la vez puedo ir documentando nuestra historia; pedirle a Mandrake que me repita las palabras de la fundación, y ponerles fecha de hace trescientos años, endilgarle la fundación a un buen mozo español que luego terminó en la hoguera por judaizante; hablar de las grandes catástrofes, porque todos los pueblos tienen un huracán, terremoto, incendio o peste dignos de resecarse de generación en generación; crear nuestras leyendas, como la del circo errante, que cada ocho de agosto, día en que las fieras devoraron a la bella Penélope, hace un convite nocturno de almas en pena; todo por escrito, pues sólo las palabras impresas tienen un peso de verdad. ¿Qué opinas? Ahora mismo, si llegara un extranjero, tardaría menos de medio minuto en darse cuenta de que somos unos improvisados. ¿Cuándo es la fiesta patronal? ¿Qué camino lleva a Mazapil? ¿A qué distancia está? ¿Cuál es el plato típico? ¿Dónde puedo tomarme un trago? ¿Quién manda aquí? ¿Qué calle es ésta? ¿A qué hora es la misa? ¿Qué hacen los domingos? ¿Por qué no hay quiosco en la plaza? Las preguntas más comunes de un viajero nos obligarían a portarnos como imbéciles y decir no sé, no sé, no sé, y acabaríamos por matarlo con tal de no vernos delatados. Es nuestra obligación conocer el lugar como si aquí hubieran nacido varias generaciones nuestras. Sí, señor, mis abuelos llegaron cuando la mina escupía plata. Sí, señora, esto era un vergel. Los hombres eran hombres. Y para tener una gran historia da lo mismo si Santa María del Circo es un miserable caserío, pues del mismo modo Natanael, a pesar de ser una insignificancia, presume de un pasado fastuoso. Ha de ser formidable llevar en la sangre la muerte de ciento veintitrés cristianos. Dime quién en nuestros días puede preciarse de eso. Si nadie me ayuda, voy a confiarle al enano la mayor parte de nuestro pasado, pues parece el único que lo tiene. Y también necesitamos trabajar en la heráldica del pueblo; se requiere un escudo, tal vez con una guadalupana de bonete en la cuerda floja, impartiendo la bendición a elefantes, leones y caballos, y con palabras en latín que digan panem et circences. No tienes cara de entusiasmo por mi idea. Sugiere otra cosa, o voy a dibujar y publicar el escudo y eso bastará para hacerlo oficial. Si quieres le pongo tu cañón en el fondo para dejarte contento. ¿Te parece? Y así como tú te promueves de cabo a general y Mandrake de campesino a terrateniente, yo puedo convertirme en historiadora, por supuesto sin dejar mi oficio de periodista. De ese modo escribo para el cada día y para la posteridad. Suena bien, ¿no? Muchos años después de muerta, se podrá leer mi Compendio de la verdadera historia de Santa María del Circo, desde su fundación basta nuestra época. Estoy abierta a ideas ajenas, pero sólo publicaré aquello que me parezca conveniente, a mi gusto. Ahora entiendo por qué Barbarela quería mi oficio y por qué insistía en jactarse con el enano sobre su tío que escribía para El País. Empiezo a sentir mi importancia, el poder. Puedo acusar a Natanael de ser un cura cogelón; a Hércules de tener sífilis; a Narcisa de cargar en el vientre un hijo de don Alejo; a Mandrake de especular con las cosechas; no sé, cualquier tontería que se me ocurra. Tengo en mis manos el arma más poderosa para atacar... aunque la más inútil para defenderme.
—Quizás tengas razón en todo —dijo Balo—, salvo en ponerle bonete a la Virgen.





PRINCESAS Y LUCHADORES




La temperatura se acercaba a los treinta grados y sin embargo, por inercia de otros días de frío, las ventanas se mantenían cerradas, encendidos los pilotos de los calentadores y en el refrigerador no había cerveza. Sudaban las manos gruesas, blancuzcas de Robledo. Llevábamos poco más de una hora bebiendo, hablando de los gastos, los regalos, los parientes que nos visitan, si en la cena de Navidad comemos pavo o tamales o pierna de puerco. Yo miraba el reloj de vez en cuando porque tenía compromiso para esa noche; mi mujer me estaba esperando.
Robledo me había llamado esa tarde para citarme en su casa.
—Pero es Nochebuena —le dije.
—También es una noche para los amigos —respondió—. Además, Nacho ya dijo que sí.
En la mesa se erguían dos botellas de tequila; una de ellas casi la habíamos vaciado, sobre todo Robledo, que bebía con más prisa que gusto. Entre trago y trago me enteré de que en un principio Nacho tampoco había querido asistir, pero Robledo lo convenció con el mismo argumento: Toscana ya dijo que sí.
La bolsa de papas fritas que llevé por no llegar con las manos vacías continuaba intacta, cerrada sobre una silla, como un invitado más.
—No entiendo qué niño puede desear una pista Hot Wheels —dijo Nacho—. Los coches no alcanzan a dar ni una vuelta antes de accidentarse.
Era un comentario natural en Nacho, que se consideraba un abanderado contra el consumo. Decía otras cosas, como: si yo fuera un consumidor promedio, todos los comercios se irían a la quiebra; o bien: en mi época recibíamos un balón de futbol y nos hacíamos hombres, ahora reciben un juego electrónico y se hacen idiotas. Y hablaba con el desparpajo de un soltero, a salvo de una mujer que le exigiera el gasto, de unos hijos que pidieran una pista o un juego electrónico para Navidad.
—En estas fechas todo se justifica —Robledo dio otro trago de tequila— con tal de ver la sonrisa de un niño.
Nacho y yo nos miramos, incrédulos. Robledo nunca se expresaba de ese modo y su ya patente borrachera no servía como excusa. Mucho menos porque cinco meses atrás lo habían echado de la mueblería donde trabajaba, y para un desempleado la Navidad se convierte en un problema mayor que el cobrador de la renta.
—Ahora vuelvo —dijo Robledo, y subió las escaleras rumbo a su recámara.
—¿Qué le pasa a este güey? —preguntó Nacho.
Yo alcé los hombros y miré de nuevo mi reloj.
—Las nueve —dije—. Ya me tengo que ir.
Tomé la bolsa de papas, pues la cena de Nochebuena se haría en mi casa, con la familia de mi mujer.
—Yo también me largo —dijo Nacho.
Alcé la voz para llamar a Robledo; él entreabrió la puerta y nos pidió que lo esperáramos un minuto.
Nacho y yo nos acercamos a la puerta. Imaginé que Robledo nos daría un regalo y eso, en vez de halagarme, me molestó. Yo no tenía nada para él, y yo sí tenía empleo.
Apareció en la cima de las escaleras, con traje de Santa Clos y un costal a su espalda; luego bajó con cierta torpeza, riendo sin felicidad. Robledo era gordo, de piel blanca y casi totalmente calvo. Su frente sudorosa reflejaba el foco de la sala. El disfraz le iba bien, pero me incomodaba ver a mi amigo vestido de ese modo.
—No seas imbécil —le gritó Nacho.
Me pregunté cuál sería el plan de Robledo. ¿Para qué había invitado a sus dos amigos? ¿Qué contenía ese costal? Si recibir un regalo me resultaba molesto, la cosa empeoraba si para eso había que representar un acto con Santa Clos. ¿Qué nos pediría? ¿Que nos sentáramos en sus piernas? Sin una respuesta satisfactoria, sólo pensaría que Robledo nos quiso echar a perder la Nochebuena. Nacho se acercó a mí para susurrar:
—Me deprime.
Yo asentí. El efecto de alegría que me había transmitido el alcohol se extinguió. Robledo se acercó a la mesa, se desplomó en la silla y bebió el resto de tequila en la botella. Dejó caer el costal y algunos juguetes se desparramaron por el suelo. Vi luchadores de plástico, princesas de goma; ambos de una pieza, sin articulaciones.
—La esposa de mi ex patrón sostiene un hospicio —dijo sin alzar la vista—. Me pidió que le ayudara.
—¿Y tu mujer qué opina de esto? —pregunté—. ¿Qué dicen tus hijos?
Él se llevó índice y pulgar a la boca para sacarse una pelusa de la barba sintética pegada en la lengua.
—No tienen por qué saberlo —respondió.
Abrió la otra botella, pero no se sirvió. Mientras se ajustaba la chaquetilla y aflojaba el cinturón, mencionó la alegría de los niños, el significado de la Navidad, la tristeza de quienes en esa noche no tienen a sus padres. Algo contó sobre su propia infancia, pero ya no le puse atención.
—¿Cuánto te van a pagar? —irrumpió Nacho.
—No es por el dinero —respondió Robledo.
Me sentí mal por la bolsa de papas en mis manos. La deposité en la silla. Nacho sacó su cartera y tomó unos billetes; los arrugó y los arrojó sobre la mesa.
—Toma —dijo— y evítate el ridículo.
La actitud de Nacho me pareció cruel, pero justa. Por eso yo también saqué mi cartera y puse en la mesa tres billetes.
Robledo se pudo haber molestado, pudo echarnos de su casa, pero resultaba imposible mostrarse digno dentro de un traje de Santa Clos. Por eso nos acompañó a la puerta.
—Feliz Navidad —dijo.
Nacho se montó en su auto y arrancó. Yo volteé hacia Robledo antes de entrar en el mío.
—¿Te llevo a algún lugar?
—No —respondió—. El hospicio del padre Plancarte está a cinco calles de aquí; me voy caminando.
Cuando me detuve en el semáforo de la esquina miré por el retrovisor. Robledo continuaba ahí, ondeándome un adiós.

*
Mi hijo mayor abría el regalo que le dieron sus tíos, un soldado equipado para misiones especiales, cuando sonó el teléfono. Era Josefina, la mujer de Robledo.
—¿Sabes dónde está? —dijo luego de los saludos.
—No lo he visto —respondí, y de inmediato me arrepentí de mi mentira. Hubiera bastado con decirle que estuvimos juntos alrededor de las nueve.
—Me dijo que tenía que hacer un trabajo —explicó Josefina—, pero me aseguró que estaría aquí antes de las once.
Vi mi reloj. Eran las doce y cuarto. Ella me comentó que toda la familia estaba reunida en casa de un hermano de Robledo, y sólo esperaban su llegada para abrir los regalos.
—Entonces no debe de tardar.
Terminamos la conversación con la promesa de llamarnos si nos enterábamos de algo. Regresé a la sala, donde una de mis cuñadas decía "qué preciosidad" cuando la abuela Marica quitó la envoltura a una bola de cristal con la Venus de Milo dentro.
Caí en la cuenta de que el siguiente paso de Josefina sería llamarle a Nacho; entonces corrí al teléfono y marqué su número. Estaba ocupado. Quizá Nacho le contaría que estuvimos bebiendo, y Josefina se preguntaría el porqué de mis mentiras. Continué marcando el número una y otra vez hasta que pasó la llamada. Por suerte resultamos igual de mentirosos y se había mantenido en secreto nuestra reunión con tequila y el hospicio del padre Plancarte.
—Vamos a buscarlo —le dije.
Acordamos que pasaría a recogerlo en quince minutos. Mi mujer puso una serie de objeciones, pero al fin la convencí. Cuando me dirigía a la puerta alcancé a escuchar que mi cuñada otra vez decía "Qué preciosidad".
*
Estacioné el auto frente al hospicio del padre Plancarte e hicimos sonar la campana de la verja. Luego de unos segundos se asomó la cabeza de una monja.
—Disculpe —le dije—. Buscamos al padre Plancarte.
—Así se llama el hospicio —respondió la monja—, pero hace más de ochenta años que el padre Plancarte está con el Señor.
La monja se aproximó a la verja con un gesto que se adivinaba severo a pesar de la oscuridad.
—¿Ustedes tienen que ver con el Santa Clos que nos dejó plantados? Los niños se fueron a dormir muy tristes.
En la segunda planta se menearon las cortinas. Los niños aún esperaban.
—Sólo eran unos muñecos de plástico —Nacho alzó la voz.
Quedamos un rato en silencio, los tres esperábamos a que hablara cualquiera de los otros dos.
—Hubo tamales y chocolate caliente —dijo la monja—. No la pasamos tan mal.
Me dieron ganas de arrojarle unos billetes tal como se los habíamos arrojado a Robledo. Hace falta muy poco dinero para llenar un costal con luchadores y princesas.

*
Nos dirigimos a casa de Robledo, despacio, haciendo pausas en cada esquina, mirando a un lado y a otro, pensando que tal vez la borrachera lo había tumbado en cualquier banqueta y dormía con su costal como almohada; sin gorra, sin barbas, descamisado por el calor.
Nada.
Llegamos a su casa y tocamos alternativamente la puerta y el timbre.
Nada.
Por la cortina entreabierta distinguimos que faltaba la segunda botella de tequila. No había rastros de Robledo ni del costal con juguetes. El dinero seguía sobre la mesa; la bolsa de papas, sobre la silla.
—No puede estar muy lejos —dijo Nacho.
Y abordamos el auto para rondar en la cuadrícula del barrio.
—Robledo no nos citó en su casa para festejar la Nochebuena, ni para que bebiéramos tequila, ni para regalarnos un luchador de plástico.
Nacho me miró sin saber de qué le hablaba. Doblé a la derecha por una calle oscura, otra calle oscura como cualquiera por ese rumbo. Creí distinguir la silueta de una persona en el suelo, pero se trataba de unas bolsas de basura.
—Hubiera bastado una palmada en la espalda —continué—. Si no contaba con su familia al menos nos tenía a nosotros.
Nacho asintió, pero no supe si era una seña afirmativa o el mero vaivén de la cabeza porque en ese momento una de las llantas pasó por un bache.
—¿Alguna vez te contó por qué lo echaron de la mueblería?
—No —respondió.
Tampoco a mí me lo había contado, pero una vez me confió que echaba de menos su empleo, que le gustaría volver.
Divisé a una persona en la acera y detuve el auto. Pronto distinguí que no era Robledo; se trataba de un hombre que sacaba varios paquetes de la cajuela de su auto. Asomé la cabeza para preguntarle si había visto a una persona con traje de Santa Clos. El hombre respondió que no y yo reanudé la marcha.
—Ya son cinco meses sin empleo.
Seguro Nacho no quería pensar en el asunto, porque me dijo:
—Santa Clos se vería mejor vestido de azul.
—Tal vez —dije—. Pero sería más difícil hallarlo en la noche.
—La figura de Santa Clos es como la de Dios que pintan en las iglesias —dijo Nacho—, sólo que Dios nunca sonríe.
Frené en seco.
—Mira.
—¿Qué? —preguntó Nacho—. ¿Lo encontraste?
Bajé del auto y me apresuré hacia el punto donde caía la luz de los faros sobre la calle. En un radio de dos metros yacían tres luchadores y una princesa. Los recogí y revisé los alrededores, echando un vistazo bajo los autos estacionados, en los portales de las casas, entre algunos arbustos.
Regresé al auto, entregué a Nacho los juguetes y arranqué. Él tomó dos luchadores y simuló una pelea entre ellos. Un luchador tenía máscara y mallas rojas; el otro, azules.

*
Llevábamos casi dos horas rondando por las mismas calles, pero me negué a ir más lejos. Nos detuvimos frente a un teléfono público y llamé a mi mujer. No había noticias de Robledo; Josefina no había vuelto a llamar.
—Ya es hora de que regreses —me dijo—. Tus hijos te esperan.
Le aseguré que sólo daríamos una vuelta más; media hora a lo sumo.
Pasamos de nuevo frente a casa de Robledo. Nada. Me detuve en la siguiente esquina, junto a un muro de luces parpadeantes. Eran mentiras de mi mujer: mis hijos no me esperaban; acaso estaban durmiendo, acaso el mayor pensaba en su soldado equipado para misiones especiales y el menor en otra cosa. La abuela Marica procuraría un accidente para romper la Venus de Milo. Cerré los ojos un instante. Tal vez la monja también mintió y no hubo tamales ni chocolate caliente.
El luchador de mallas rojas había perdido; ahora peleaba el azul contra el verde.
No sé cuántas vueltas más dimos. La media hora se alargó; supe que mi mujer estaría furiosa, pero seguimos buscando hasta que comenzó a amanecer, hasta que llegó la hora de aceptar nuestro fracaso.
Aunque Nacho tenía los ojos abiertos, yo sabía que soñaba. En sus manos la princesa besaba al luchador verde, el vencedor, que continuaba en su pose retadora, puños cerrados, piernas abiertas, rodillas un poco flexionadas, la única pose de un plástico inmóvil, incapaz de abrazar a la mujer amada. Pero ella igual lo besaba y Nacho sonreía como un huérfano. -

Projeto Identidade Artista: Sao Paulo

lunes, 22 de marzo de 2010

LISA KRISTINE y su fotografía de Vida



































Lisa Kristine was born in San Francisco, California, on September 2, 1965. She developed an early interest in anthropology and photography, perusing the pages of National Geographic and other photojournals. She received her first Olympus camera at age 11. She began printing in black and white by age 13. Several years later, she was mentored in printing cibachrome.

Following graduation from the Fashion Institute of Design and Merchandising in San Francisco, Kristine photographed for nearly five years in Europe and Asia. She began work for a photo agency after her return to the United States.

She had her first exhibition in 1988 and she continued to exhibit many times in the following years following. Her work has been exhibited and used in the Museum of Women, the Humanity Foundation, and the Asian Art Museum. When the State of the World Forum convened in San Francisco in 2000, Kristine presented her work to help inspire discussions on human rights, social change, and global security. Kristine's work was auctioned by Christie's New York and sponsored by the United Nations to benefit Kofi Annan's Ambassador's Ball.
Kumbha Mela in India 2003

Kristine runs galleries in Sonoma, California; Santa Fe, New Mexico; and Sausalito, California. She continually exhibits her work around the world, most recently at the Vancouver Peace Summit in September 2009.

domingo, 21 de marzo de 2010

En las alas de JORGE MARIN

























“Mí propuesta plástica obedece a la forma en que veo y asimilo al mundo, cómo lo interpreto y lo vivo. He tocado en base a esta postura temas diversos, siempre afines a la gente del siglo XX y XXI, es decir, de la época que vivo.
Se puede decir que también son cuestionamientos del hombre de todos los tiempos, como la paternidad, el juego, el equilibrio, el miedo, el amor, el odio, etcétera”
"Una colección retrospectiva mía sería el libro biográfico de cómo he interpretado yo al mundo y a la sociedad y me gusta mucho pensar que por tener elementos iconográficos tan claros, tan figurativos, será muy factible que cualquier persona entienda mi discurso a través de 20 años. Me considero una persona convencional, he tenido las inquietudes de la mayoría de los seres humanos, que son el deseo de volar, de perfección, de equilibrio en la vida, equilibrio físico sobre el equilibrio espiritual. Por eso se volvió también un tema recurrente y obsesivo en mi trabajo, porque es una búsqueda de todos este deseo de equilibrio para ser más integral".

"Empecé con un material muy frágil como es la cerámica y durante el desarrollo creativo que tuve con este material empecé a tener la inquietud de ir más allá. Me cuestioné sobre el movimiento, el dinamismo, la ligereza, conceptos difíciles de alcanzar en la escultura. Finalmente, después de mucha investigación sobre técnicas, encontré que el bronce era el mejor camino. Y se volvió un reto placentero cómo hacer de algo tan denso, pesado y frío como es el bronce, un material que flote o gire detenido en un solo punto, o cómo hablar de la gravidez de un cuerpo humano con un material tan frío. El manejo del bronce me ha llevado a una búsqueda y espero tener otros 20 años más de exploración con el bronce, a nivel expresivo y técnico".


Jorge Marín nació en 1963 en Uruapan, Michoacán. Estudió Artes Visuales en la Universidad Nacional Autónoma de México y luego Restauración en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía "Manuel del Castillo Negrete", del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Cuenta con más de 25 exposiciones individuales y cerca de 70 colectivas, tanto en México como en Estados Unidos, Alemania, Irlanda, España, Japón y Puerto Rico. Sus obras forman parte de colecciones de diferentes partes del mundo, como The Franklin Companies, en Los Ángeles; Colección Novaes, de Sao Paolo; Jerry Emmanuel, en Singapur; Alberto Cardemil, Chile; Rockefeller Foundation, Nueva York.

miércoles, 10 de marzo de 2010

LARGA VIDA A LO INMATERIAL: Exposición de Pío Roberto Maldonado Díaz





Dibujo, pintura y fotografía de PIO ROBERTO MALDONADO DIAZ
Galería Leopoldo Carpinteyro,(Relaciones Culturales).
Calle Hidalgo pte. no. 768. Monterrey N.L. México.
Coctail: Miercóles 10 de Marzo, 20.30 horas.

viernes, 26 de febrero de 2010

Um Livro sobre a Morte





A BOOK ABOUT DEATH
“A Book About Death” is a collaborative project conceived by american artist Matthew Rose for the Emily Harvey Foundation in New York City, where the original exhibition took place from September 10 – 22, 2009. Approximately 500 artists contributed 500 artworks in the form of post cards of varying sizes each created from works made especially to create an unbound book about death.





HOMENAGE
The exhibition paid special homenage to Ray Johnson (1927-1995), a highly influential figure in contemporary American art, a formidable collage artist and long acknowledged as the “Father of Mail Art” with his creation of a network, The New York Correspondence School. The exhibition also paid homage and celebrated the life of Emily Harvey (1941-2004), the late art dealer who tirelessly promoted Fluxus artist and whose Foundation generously supported the project.




The exhibition opened with a packed house, and a line snaking up Broadway more than 500 people long waiting to get in the doors to make their own book. Since then, the exhibition has traveled to the Otis College of Art and Design in LA, The River Mill Art Gallery in New Jersey, The Mobius Gallery in Boston, MA, The Queens Museum in Queens, NY, The Sexta Literary Arts Festival in Tijuana in Mexico, as well as smaller galleries and schools in Louisiana, Wisconsin and Long Island. Complete sets of “A Book About Death have entered into the permanent collections of the Museum of Modern Art (Library), and the LA County Museum of Art Research Library.






This digital video is an extract from Viral Venture - a digital art projection (and/or ongoing installation) by the artist Joseph Nechvatal with a musical score by the composer Rhys Chatham. The Viral Venture projection consists of Nechvatals most recent artificial-life computer virus attacking his digital images. It acts in real time as modeled on the biological viral mode as programmed by Stephane Sikora in C++. Rhys Chathams score consists of his 2005 composition for 400 electric guitars entitled A Crimson Grail, commissioned by Nuit Blanche. It was performed and recorded at the Sacré-Coeur Basilica in Paris.








lunes, 22 de febrero de 2010

El impulso de un mexicano para regenerar su tierra...

Jesús León Santos.

Pocos lo saben, pero existe un premio tipo "Nobel" de Ecología y este año lo ha ganado Jesús León Santos, de 42 años, un campesino indígena mexicano que ha estado realizando en los últimos 25 años, un excepcional trabajo de reforestación en su región de Oaxaca, México.


El nombre del reconocimiento "Premio Ambiental Goldman"

fué creado en 1990 por dos generosos filántropos y activistas cívicos estadounidenses: Richard N. Goldman y su esposa Rhoda H. Goldman. El premio consta de una dotación de 150.000 USD ($2,154,000 M.N.) que se entrega cada
año en el mes de abril, en la ciudad de San Francisco, California (Estados Unidos) y que, hasta ahora, ha sido otorgado a defensores del medioambiente de 72 países.

La historia que hoy le ha merecido tal reconocimiento, inicia cuando Jesús León Santos tenía 18 años y decidió cambiar el paisaje donde vivía, en la Mixteca alta, la "tierra del sol": aquello parecía un panorama lunar… campos yermos y polvorientos, desprovistos de arboledas; sin agua ni frutos.

Había que recorrer grandes distancias en busca de agua y de leña. Casi todos los jóvenes emigraban para nunca regresar, huyendo de semejantes páramos y de ésa vida tan dura. Con otros comuneros del lugar, Jesús León se fijó el objetivo de reverdecer los campos, recurriendo a unas técnicas agrícolas precolombinas que le enseñaron unos indígenas guatemaltecos para convertir tierras áridas en zonas de cultivo y arboladas. ¿Cómo llevar el proyecto a cabo? Haciendo revivir una herramienta indígena también olvidada: El tequio, el trabajo comunitario no remunerado. Reunió a unas 400 familias de 12 municipios, creó el Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca (Cedicam), y juntos, con recursos económicos limitadísimos, se lanzaron en la gran batalla contra la principal culpable del deterioro: La erosión.

En esa región Mixteca existen más de 50.000 hectáreas que han perdido unos cinco metros de altura de suelo desde el siglo XVI. La cría intensiva de cabras, el sobre pastoreo y la industria de producción de cal que estableció la Colonia deterioró la zona. El uso del arado de hierro y la tala
intensiva de árboles para la construcción de los imponentes templos dominicos contribuyeron definitivamente a la desertificación.


Jesús León y sus amigos impulsaron un programa de reforestación. A pico y pala cavaron zanjas-trincheras para retener el agua de las escasas lluvias, sembraron árboles en pequeños viveros, trajeron abono y plantaron barreras
vivas para impedir la huida de la tierra fértil.
Todo eso favoreció la recarga del acuífero. Luego, en un esfuerzo titánico, plantaron alrededor de cuatro millones de árboles de especies nativas, aclimatadas al calor.
Después, desarrollaron un sistema de agricultura sostenible y orgánica, sin uso de pesticidas, gracias al rescate y conservación de las semillas nativas del maíz, cereal originario de esta región, sembrando sobre todo una variedad muy propia de la zona, el cajete, que es de las más resistentes a la sequía.

Al cabo de un cuarto de siglo, el milagro se ha producido.

Hoy la Mixteca alta esta restaurada. Ha vuelto a reverdecer. Han surgido manantiales con más agua. Hay árboles y alimentos. La gente ya no emigra.

Actualmente, Jesús León y sus amigos luchan contra los transgénicos, y siembran unos 200.000 árboles anuales.

Cada día hacen retroceder la línea de la desertificación.

Con la madera de los árboles se ha podido rescatar una actividad artesanal que estaba desapareciendo: la elaboración en talleres familiares, de yugos de madera y utensilios de uso corriente. Además, se han enterrado en lugares estratégicos cisternas de ferrocemento, de más de 10.000 litros de capacidad, que también recogen el agua de lluvia para el riego de invernaderos familiares orgánicos.

El ejemplo de Jesús León es ahora imitado por varias comunidades vecinas, que también han creado viveros comunitarios y organizan temporalmente plantaciones masivas.


El Premio Ambiental Goldman
El Premio Goldman continúa hoy con su misión original de honrar cada año a héroes populares de la ecología en cada una de las seis regiones continentales habitadas del mundo: África, Asia, Europa, Islas y Naciones Isleñas, Norteamérica, y Sur y Centroamérica. El Premio rinde homenaje a quienes han venido realizando una constante e importante labor para proteger y mejorar el ambiente natural, frecuentemente a riesgo de sus propias vidas. Cada uno de los galardonados recibe $125,000 dólares, el mayor premio concedido a ecologistas de base. Para el Premio Goldman, son dirigentes "de base" aquellas personas involucradas en campañas locales que logran obtener cambios positivos mediante la participación de la comunidad o la ciudadanía en los asuntos que afectan su bienestar. Con su homenaje a estos líderes, el Premio busca inspirar a otras personas comunes y corrientes a actuar de forma extraordinaria para proteger el mundo natural.

Los ganadores del Premio
Los ganadores del Premio Goldman frecuentemente dedican sus esfuerzos a la protección de ecosistemas y especies en peligro, combatir proyectos destructivos de desarrollo, promover la sostenibilidad medioambiental, influir en la elaboración de normas protectoras del medio ambiente y luchar por la justicia ecológica. Con frecuencia el premio se ha otorgado a mujeres y hombres de aldeas remotas o barrios urbanos pobres que decidieron asumir grandes riesgos personales para proteger el medio ambiente.

viernes, 19 de febrero de 2010

Un vistazo a las actividades en Palacio de Minería.






Arranca presencia Michoacán (estado invitado)
con la “sangre nueva” de su propuesta literaria.

* Francisco Valenzuela, Alejandra Quintero y Jorge Ortíz de Montellano, del Colectivo Paracaídas, ofrecieron al público un avance de su producción creativa
* “La literatura es un desahogo personal y no espero más de ella”: Valenzuela; “el oficio no deja ganancias”, Quintero.

México, DF a 18 de febrero de 2010.- Francisco Valenzuela escribe ficción, es pues escritor. Aunque haya estudiado la carrera en economía y sobreviva realizando proyectos para la Secretaría de Turismo del Estado de Michoacán, aún así dirige desde hace siete años la revista Revés, una publicación bimestral independiente advocada al ámbito literario donde se puede encontrar desde arte y poesía hasta periodismo Gonzo y textos amarillistas.

Valenzuela pertenece al Colectivo Paracaídas, una agrupación de jóvenes creativos michoacanos que organizan desde hace cinco años el Encuentro de Letras Independientes con sede en Morelia, quizás el más importante de su tipo a nivel nacional y cuya visión no se limita únicamente al aspecto literario sino pretende abarcar la totalidad de expresiones artísticas.

Dicho colectivo se hizo presente este jueves en el marco de XXXI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM), al coronar con un trío de escritores la mesa redonda “Escritores Jóvenes de Michoacán”, en lo que fue el segundo evento dedicado al Estado Invitado de la presente edición del festejo librero más antiguo del país.

Junto a Valenzuela, los poetas Jorge Ortíz de Montellano y Alejandra Quintero ofrecieron un avance de su producción creativa. En breves textos como “Sin Borges” de Quintero y “Nocturno” de Ortíz de Montellano (sobrino abuelo además de Bernardo Ortíz de Montellano, insigne miembro del grupo de Los Contemporáneos) los nóveles autores deleitaron a la audiencia con maduras muestras de su arte.

La voz de los invitados dio ejemplo del nivel literario de las publicaciones en el país, donde los jóvenes literatos escriben para sí mismos o sobreviven con becas gubernamentales: “Para mí la literatura es un desahogo personal y no espero más de ella” afirmó contundente Valenzuela en la recta final de la conversación luego de que su compañera de estrado afirmara que dicho oficio “no deja ganancias”.

Al respecto de la industria editorial michoacana, y cuestionados sobre la tendencia céntrica de la producción librera en el país, los panelistas lamentaron las dificultades para la difusión del trabajo creativo en un ambiente generalizando de no-lectura, ya que, según su óptica, “contagiar dicho gusto” es titánica tarea. La salida es pues buscando apoyo en las instituciones gubernamentales ya que la mayoría de los escritores jóvenes se forjan en publicaciones independientes que con frecuencia se obsequian.



Actividades de mañana sábado 20 de Febrero en la Feria de la Poesía:

13:00 hrs.
Conferencia CONCHA URQUIZA: LA EMBRIAGUEZ DE DIOS Con Margarita León Vega
Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM/Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería GALERÍA DE RECTORES
Lectura de Poesía ENCUENTRO DE POETAS MEXICANOS (1940-1960) Lectura Poética de Eduardo Casar y Rafael Vargas
Modera: Iván Cruz Osorio
Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería AUDITORIO TRES

15:00 hrs.
Recital de Poesía POESÍA DE ELÍAS NANDINO Con el primer actor Gastón Melo
Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería ANTIGUA CAPILLA

16:00 hrs.
Encuentros en Palacio JOSÉ LUIS RIVAS CHARLA CON ADOLFO CASTAÑÓN Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería ANTIGUA CAPILLA
Recital de Poesía POETAS EN LA PERIFERIA Con José Vicente Anaya y Marco Fonz
Modera: Tanya Cosío
Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería/Editorial Andrógino AUDITORIO TRES

18:00 hrs.
Mesa Redonda (Continúa) HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ Con Francisco Javier Díez de Revenga (profesor de Licenciatura en la Universidad de Murcia especialista en el estudio de las Vanguardias y en la Generación del 27) , Jorge Valdés Díez-Vélez (escritor y diplomático mexicano), José María Espinasa (poeta, crítico y editor mexicano) y Luis Marina Bravo (escritor y diplomático español)
Embajada de España en México/Centro Cultural de España en México GALERÍA DE RECTORES
Lectura Escenificada JEAN GENET Con Tanya Cosío
Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería/Editorial Andrógino AUDITORIO DOS

19:00 hrs.
Mesa Redonda HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ Con Francisco Javier Díez de Revenga (profesor de Licenciatura en la Universidad de Murcia especialista en el estudio de las Vanguardias y en la Generación del 27) , Jorge Valdés Díez-Vélez (escritor y diplomático mexicano), José María Espinasa (poeta, crítico y editor mexicano) y Luis Marina Bravo (escritor y diplomático español)
Embajada de España en México/Centro Cultural de España en México GALERÍA DE RECTORES
Lectura de Poesía POESÍA PARA EL MILENIO Con Tania Carrera y Dorian Gabriel
Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería SALÓN B SEIS